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Suplemento Contracorriente Nro7 / Editorial

Martes 8 de julio de 2008

El fin de la Pax Zapatero


El conflicto y el corte de carreteras de los transportistas marca sin duda el comienzo del fin de la la paz social que primo durante el gobierno de Zapatero I El “talante” del Gobierno ha quedado completamente caducado. La crisis económica internacional y el fin del patrón de acumulación capitalista español que analizábamos en el Contracorriente 7 ya están empezando a tener fuertes consecuencias en nuestro país con una exacerbada tensión y crispación entre las clases.

El conflicto del transporte, el primero en salir a la arena.

La subida del precio de los carburantes en lo que va de año (cerca de un 30%, más de un 40% desde junio de 2007) es consecuencia directa de la escalada del crudo, que es objeto por un lado de alzas especulativas por el derivo de capitales que antes lucraban con la “burbuja” inmobiliaria, las tensiones geopolíticas y sobretodo la fuerte depreciación del dólar en que se realiza las transacciones petroleras(algo parecido está pasando en el caso de las materias primas y los cereales). Esta situación pone al borde de la quiebra al “minifundismo” del transporte, y de esta manera la gran patronal se frota las manos a la espera de poder copar la parte del mercado que aún no controla. Las grandes empresas, mucho más productivas, pueden ofrecer precios que no recogen las subidas de los costes, y los pequeños piden precios mínimos para evitar que les fagociten. El Gobierno por otra parte ya quiere empezar a implementar las medidas “modernizadoras” que den una solución más a largo plazo a los problemas del capitalismo español, y en este caso pretende llevar adelante una reestructuración del sector que mueve el 70% de las mercancías de nuestro país, eliminando la porción PYME y autónoma, acabando con la atomización como claman numerosos periódicos burgueses. Aprovechando el alza de los combustibles el Gobierno se alía con la Gran patronal para reconvertir todo el sector y enviar a la ruina a la pequeña burguesía. Previsiblemente, esta será la tónica de ZP que con estas medidas se prepara para buscar otro patrón de acumulación capitalista y habrá que ver cómo repercute en otros sectores económicos.

La crisis como telón de fondo

Sin duda la crisis va a traer muchos más conflictos de este tipo. El tejido productivo, agrícola o pesquero del Estado español repite este “minifundismo”, el 90% de las empresas españolas son PYMES. El cambio de patrón de acumulación capitalista que propone el Gobierno, basado en los aumentos en la productividad, la investigación y el desarrollo (a la vez que se profundiza en las medidas anti-obreras y privatizadoras que han sido la base del último periodo de crecimiento, no olvidar las palabras de Solbes de que tocaba apretarse el cinturón) va a tener que hacer múltiples reconversiones que va a poner en pie de guerra a mucho autónomo y pequeño empresario contra el Gobierno y la gran patronal.

El brutal parón de la construcción con miles de casas sin vender y la inflación que se dispara a pesar de que el crecimiento apenas si es visible muestran lo delicado de la situación. El Presidente del BCE, en contra de su homologo de la Reserva Federal norteamericana más preocupado por la caída del crecimiento, ya ha anticipado que va subir las tasas de interés debido a la escalada sin freno del petróleo y muchos productos de la cesta familiar, para controlar la inflación que se disparó en los últimos meses. En forma inédita , el circunspecto y europeísta Zapatero, apretado por el gran parón económico español, le pidió públicamente prudencia a Trichet, muy preocupado por un mayor enfriamiento de la economía de la península. Las consecuencias de la crisis mundial, están agravando las tensiones entre los socios comunitarios, ya que cada vez es más difícil mantener bajo una misma política monetaria realidades económicas y de competitividad cada vez mas disímiles, en especial entre Alemania (a quien representa en primera instancia el BCE) y los países del sur y el Mediterráneo como España, Portugal, Italia, Grecia y en cierta medida Francia.

Una fuerte pérdida de consenso del régimen en los sectores medios o de pequeños patronos

La fortaleza del Régimen español se basaba por un lado en la gran unidad de la cúpula de negocios detrás del “patrón de acumulación” y de la extensión de los negocios del capital español al extranjero, a pesar de las fuertes peleas políticas entre el PSOE y el PP en particular en torno a la orientación y alianzas de la política exterior que ambos partidos respaldaban. Por otra lado, esta fuerte unidad de la cúpula capitalista y del Estado ha venido gozando de una amplio consenso u hegemonía sobre los pequeños capitalistas o pequeños propietarios debido a la bonanza de los últimos años que mientras permitió suculentas ganancias al gran capital bancario, inmobiliario, del turismo, de la energía y de las telecomunicaciones permitió vivir a centenares de negocios más pequeños que de conjunto gozaban con el crecimiento. La crisis económica al achicar el pastel está haciendo crujir la hegemonía que el gran capital ejercía sobre el pequeño y que era, junto al rol traidor de las direcciones sindicales y la atadura de los trabajadores al pago de la hipoteca, un enorme factor conservador de la situación y un elemento central de la fuerte estabilidad política antiobrera del régimen español en los últimos años. Estos crujimientos del “bloque reaccionario” de antaño puede hacer surgir brechas donde puedan emerger los trabajadores y la juventud frente a un Régimen y un Gobierno que se van debilitando y que se verá obligado a usar una mayor dosis de represión que de consenso para mantener su dominio, como ya está mostrando frente a los transportistas.

La crisis de PP: una pata floja que puede debilitar al hasta ahora fuerte régimen bipartidista

Junto a los factores económicos, la crisis y feroz pelea dentro del PP pueden debilitar a uno de los pilares del régimen bipartidista español, el sistema de partidos reaccionarios con que la burguesía logro sus “treinta gloriosos”. Por ahora, los sectores más derechistas parecen haber aplazado su putch con la expectativa de que el ala de Rajoy zozobre en las próximas elecciones autonómicas, lo cual indica que la guerra no ha hecho más que comenzar.

Los tejemanejes pre-congresuales y todo el culebrón de figuras y figurones no debe impedir ver que existe detrás toda una discusión estratégica sobre el modo de abordar los tiempos difíciles que le esperan al capitalismo español. Si bien la derrota electoral ha abierto y acelerado la crisis no es su causa última.

El ala aguirrista es el modelo de oposición estilo Sarkozy o Berlusconi. Prefiere optar por una oposición dura, al estilo de la legislatura anterior, convencida de que el desgaste de la crisis económica permitirá una vuelta inmediata a la Moncloa e 2012, o incluso antes. Pero al mismo tiempo quiere volver con personalidad y de manera ofensiva, como pretendieron hacer en marzo, orgullosos y sinceros de sus planes. Si el nacionalismo español fue su bandera movilizadora en la pasada legislatura, la lucha contra la inmigración lo fue en la campaña. Como esta haciendo Berlusconi en Italia los “duros” del PP pretenden contribuir al desgaste de ZP azuzando un discurso que cargue la culpa de la crisis a este Gobierno débil y a los inmigrantes, para forjarse una base social reaccionaria en la que apoyarse en un futuro Gobierno para avanzar con firmeza en todos los planes.

El ala de Rajoy está más cerca de ZP que de Aguirre. Tras el fracaso de la línea Aguirre en Marzo, prefiere volver al centro, por dos motivos. En los tiempos difíciles hay que apoyar al Gobierno para que avance con poca crispación en las importantes tareas que tiene por delante. Además consideran que es su imagen de derechistas ultra la que anima a miles de jóvenes y trabajadores a votar contra ellos con la papeleta del PSOE.

El Congreso de junio dará la presidencia a Rajoy, los duros han perdido ésta batalla. Sin embargo el devenir de la legislatura puede cambiar las tornas, sin duda la política ultra (centrada sobre todo en el fantasma del racismo) puede calar con más facilidad conforme los efectos de la crisis se hagan notar bajo un Gobierno “socialista”. Es una crisis que lejos de cerrarse aún le quedan muchos capítulos.

La tensión territorial in crescendo.

Por otro lado la financiación autonómica, su renegociación, ya está anunciando una nueva etapa de la “España de las autonomías”, con mucha menos concordia y armonía que en el pasado. Con la tarta bastante escasa el reparto se hace más complejo, dentándose disputas entre las distintas burguesías regionales independientemente del partido en el poder. Esto, que no acaba más que empezar, puede meter en crisis a los dos principales partidos del Régimen, pero especialmente al PSOE, que tendrá que contentar a realidades tan dispares como Cataluña y Andalucía o Extremadura. Asimismo los conflictos entre la burguesía central y las periféricas más potentes y con problemática nacional, como la vasca, parece que van in crescendo. Si bien el PNV está profundamente dividido entre el ala pro-pacto con ZP (Urkullu) y la que quiere pensionar la cuerda hasta el final con la consulta de Octubre para poder renegociar desde una supuesta posición de fuerza en estos malos tiempos (Ibarretxe). Todas estas tensiones territoriales están todavía en su fase inicial, pero sin duda el transcurso de los meses, y el consiguiente agravamiento de la situación económica, no permite prever nada distinto a que se vanaza hacia un agravamiento importante.

La clase obrera y la juventud en lenta recuperación.

Aunque la clase obrera aun está muy atrás de dar una respuesta a la altura de la crisis, es importante resaltar que la conflictividad sigue mostrándonos casos puntuales de luchas, que a diferencia de los últimos años, pasan a la ofensiva . El caso de los conductores en Barcelona, Madrid y Valencia puede que sea el ejemplo más conocido y avanzado. Pero a la vez ha habido luchas salariales de importancia, como la de Justicia, o la de las trabajadoras de la limpieza en Zaragoza que demandan subidas por encima del IPC. Si bien en este último caso la traición de la burocracia trajo una amarga derrota. Igualmente, estos conflictos son muy pocos, aislados y, en general, no logran superar la burocracia sindical que resulta ser un gran problema para que los trabajadores puedan desplegar sus fuerzas y ubicarse en el centro de la escena política como un factor independiente.

Sin duda el fin de la bonanza, la vuelta del paro (350.000 más en un año, la mayor parte inmigrantes), la inflación (en alimentos básicos casi un 20%, en el coste de la vida cerca del 9% , la del Gobierno está ya cercana al 5%) y las subidas del Euribor (que está en 5,5%, encareciéndose la letra en 200/250 euros desde que comenzó la escalada), son la triada anti-obrera que primero está impactando en la clase obrera. Las respuestas son todavía puntuales y aisladas, pero el agravamiento de la crisis o la puesta en marcha de contra-reformas por parte del Gobierno (que ya ha llamado a negociar a patronal y burocracia sindical para fijar la agenda) puede hacer que se generalicen, radicalicen o incluso acaben confluyendo en una lucha contra ZP.

Por otro lado la juventud, especialmente el movimiento estudiantil universitario, ha tenido un pequeño despertar este último curso, con procesos de lucha contra el Plan Bolonia y la mercantilización de la universidad en ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao o Sevilla. Parece ser que el año que viene, en el que los planes de poner la universidad al servicio de la empresa, con el objetivo de transformar la universidad de masas hacia unua universidad cada vez más elitizada, (que están dentro de las políticas para buscar otro patrón de acumulación capitalista ) tienen previsto avanzar profundamente, puede desatarse un fuerte movimiento estudiantil uniéndose los profesores, y que confluya con las crecientes luchas de los trabajadores.

Además las luchas del transporte, y en menor medida de agricultores y pescadores, aún no siendo obreras, sí pueden irradiar una influencia en sectores de nuestra clase, pues dejan una lección; ante las consecuencias de la crisis cabe la posibilidad de luchar combativamente contra ellas.

“Tolerancia cero” contra cualquier atisbo de resistencia.

El famoso talante de ZP se ha visto reducido en su primer gran choque con una lucha. Además de cerrarse en banda a aceptar las reivindicaciones de la pequeña patronal y algunos sectores autónomos (tarifa mínima), su respuesta ha sido la de 25.000 efectivos de la Policía y la Guardia Civil, más de 100 detenidos y amenazas de sanciones sobre el carné de conducir y las licencias para los piquetes. Todo esto bien propagandizado en el parlamento y en rueda de prensa del Ministro del Interior, que ha dejado bien claro que esta es la nueva política ZP; tolerancia cero contra quien altere el orden público, así como recordar que los piquetes son ilegales y conllevan penas de hasta 3 años de cárcel. La CEOE también exigió al Gobierno que actúe “con máxima celeridad” para levantar los piquetes por la fuerza. “Orden” que el Gobierno ya comenzó a aplicar a partir del martes pasado con represión y encarcelando a activistas en los piquetes. Por su hubiera poca leña en el asador, la prensa burguesa desde editoriales y tertulias han aprovechado la ocasión para reclamar una reivindicación histórica de la CEOE, la regulación del derecho a huelga, para evitar “abusos” y que los ciudadanos seamos los “rehenes” de algún sector.

De la misma manera que la idea de lucha contra las consecuencias de la crisis se haya podido irradiar para muchos trabajadores y jóvenes que están empezando a pasarlas canutas o verse con un porvenir muy negro, el mensaje del Gobierno ha sido diáfano, al apretarse el cinturón de Solbes debemos sumar los mensajes de Rubalcaba y Magdalena Álvarez, con huelgas salvajes no se va a ningún sitio y el Gobierno golpeará, multará y detendrá a todo aquel que se pase de la raya. Se ve que la crisis económica ya no deja lugar para “el talante de ZP”. Algo que los estudiantes universitarios de Bilbao y Barcelona ya saben bien puesto que les han enviado la policía para acabar con la ocupación de facultades, hay estudiantes con causas judiciales y amenazas de sanciones.

La clase obrera debe ponerse a la cabeza de las luchas contra la crisis.

La crisis está mostrando que toda la demagogia de la campaña electoral, era eso solo demagogia. Es necesario que la clase obrera se ponga a la altura de la crisis. Para eso debe romper con la política de conciliación de clase de esos lugartenientes del capital, la burocracia de UGT y CCOO que más que nunca ayudará a hacer pagar los costos de la crisis sobre los trabajadores. Es fundamental apoyar a todas las luchas de resistencia en curso por más mínima que sea pero es central que los trabajadores vayan adoptando un programa para que la crisis la paguen los capitalistas.

Un programa que suelde la unidad de la clase obrera entre fijos y temporales, de planta y de subcontrata o ETT… y sobre todo con los trabajadores inmigrantes que antes ayudaron en gran medida a crear el boom y ahora son usados como chivos expiatorios por la patronal y sus partidos para dividir a los trabajadores y culpabilizar al único gran responsable de la crisis actual: la gran patronal española y su Estado. El movimiento obrero debe tomar la defensa de los trabajadores inmigrantes como una de sus principales banderas, contra las leyes de Extranjería y las expulsiones, papeles para todos. Un programa que defienda una salida obrera contra el paro, que luche por el reparto de horas de trabajo entre los brazos disponibles, y la nacionalización sin indemnización y puesta bajo control de los trabajadores para cualquier empresa que cierre o proponga EREs. Un programa contra la carestía de la vida, por 1200 euros de SMI y subidas salariales acordes con las subidas reales del precio de la vida. No hay salida progresiva sin tocar las ganancias a los capitalistas. Mientras los trabajadores y otros sectores humildes de la sociedad empiezan a vivir las consecuencias más duras de la crisis, empresas como Repsol siguen haciendo fortunas. Hay que luchar por subidas de impuestos inmediatos a las grandes fortunas, en especial a los grandes bancos y a la Repsol (gran beneficiaria española de las subidas de los carburantes), para rebajar el precio del gasoil a los sectores de la pequeña burguesía abocada a la ruina, a la vez que por la eliminación del IVA que paga sobre todo la población trabajadora.

Es fundamental que la clase obrera se ponga a la altura de la situación, soldando en primer lugar la unidad de sus filas y ganado la hegemonía de todos los sectores afectados por el gran capital ya que si no lo hace la desesperación de los pequeños propietarios que hoy en día desestabilizan al gobierno Zapatero pueden ser un caldo de cultivo para variantes más derechistas tipo Berlusconi o la Lega Nord que ya se perfilan en el PP.

1-Ver Editorial y Dossier Economía de Contracorriente nº7. 2-la editorial de El pais del 12/06/08 decía así: “Hasta ahora, el Gobierno sólo ha tomado una decisión firme y certera: rechazar las ayudas fiscales, incluida la tarifa mínima de combustibles, que reclaman los huelguistas. Son discriminatorias y no resuelven el problema de fondo del sector, que es la atomización empresarial. Fomento debe mantenerse firme y ofrecer tan sólo ayudas laborales y apoyos a la reconversión del sector del transporte.” 3-Ver www.ipcreal.com 4-Ver “La Lucha para derrotar el plan Bolonia…” en Contracorriente nº7.


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